El líder vulgar se rodea de sus "hooligan" animadores.
El líder mediocre gusta de acompañarse de sus seguidores.
El verdadero líder se rodea de colaboradores.
Personas egocéntricas, egoístas, irresponsables, inútiles, presuntuosas, sabelotodo, orgullosas, envidiosas, acaparadoras, incultas, insensibles, ignorantes, irreflexivas…incluso todas estas personas pueden tener su cabida en cualquier organización, si se comprometen con los objetivos colectivos. Dejando aparte sus defectos, todas las personas pueden aportar “cosas” a la organización. Las únicas personas que sobran en cualquier organización son las malas personas. 
Establecer un clima sincero y abierto de comunicación interna en una organización, requiere aceptar la verdad, por muy importante que esta pueda ser, y estar dispuestos a sopesar todos los aspectos que presente cualquier problema/circunstancia/situación.

Todas las personas deben sentir que cuentan con la libertad suficiente para expresarse con sinceridad, sin miedo a ser "castigada" de cualquier forma.
Cuando utilizas la crispación y la demagogia para atacar a tu adversario puedes obtener resultados positivos a corto plazo, pero el efecto bumerán es inevitable a la larga.
En el puesto donde te toque estar: piensa siempre como si ese fuese el ultimo día y actúa como si fueses a estar toda una eternidad.
Seguramente al principio te ignorarán. Si continuas con dignidad y coherencia, entonces se reirán e intentaran burlarse de ti. Si persistes con entereza, antes o después te atacarán. Si continuas con firmeza tu misión sin entrar en la confrontación, tu victoria es cuestión de tiempo.
Resulta inadmisible que si te siguen a ti es porque eres un líder carismático y cuando siguen a tu rival sean unos borregos.